Abhyasa y vairagya:

Los aspectos esenciales de la vida espiritual

En el Yogasutra, Patañjali afirma que el abhyasa y el vairagya (la perseverancia y el desapego) representan los dos aspectos esenciales de la vida espiritual, que trabajan juntos como las alas de un pájaro.

Abhyasa: Perseverancia

El abhyasa se refiere a la práctica espiritual perseverante. En la Shiva Samhita (4:9) se afirma que: “A través de la práctica llega la perfección; es mediante la práctica que uno alcanza la liberación».

En el Yogasutra (1:13), Patañjali define abhyasa de la siguiente manera: «Abhyasa es el esfuerzo por conseguir estabilidad en ese estado de cese de las fluctuaciones de la mente». En el sutra 1:14, explica con mayor detalle: «Pero esta práctica se arraiga firmemente sólo después de que se ha cultivado de manera adecuada y durante mucho tiempo de forma ininterrumpida».

En sus enseñanzas, Ramana Maharshi también enfatizó que “nadie tiene éxito sin esfuerzo. Aquellos que triunfan deben su éxito a la perseverancia».

Es importante entender que el abhyasa no es cualquier tipo de esfuerzo (ni siquiera, por ejemplo, el esfuerzo de practicar Hatha Yoga de una manera física), sino un tipo muy específico: el esfuerzo por conseguir estabilidad en el cese de las fluctuaciones de la mente. Por lo tanto, esta práctica se orienta esencialmente en la misma dirección que el vairagya (desapego). Por lo tanto, cualquier actitud en particular se convierte en una práctica espiritual si nos estabilizamos en la Quietud de nuestro verdadero ser durante un período largo.

La repetición constante de una práctica yóguica llega al inconsciente y comienza allí una transformación profunda y silenciosa, que Patañjali denominó nirodha parinama (la transformación de la disolución). Una vez que se conecta tan profundamente en el inconsciente, la meditación y cualquier otra práctica se vuelve natural y se logra sin esfuerzo.

Vairagya: Desapego

El vairagya se refiere al desapego de las cosas mundanas, a la libertad de los deseos mundanos o a la templanza. En el Yogasutra (1:15), Patañjali lo define de esta manera: «Vairagya es la certeza de dominio del yogui que no tiene sed de cosas que sean tangibles y reveladas (o invisibles)».

Dado que todos los deseos producen una especie de esclavitud, todos deben finalmente ser liberados. Cada deseo se encuentra intrínsecamente vinculado al ego y, por tanto, es un velo entre nuestro ser limitado y el Infinito. La forma definitiva del vairagya es, como menciona Patañjali, simplemente una consecuencia de la “visión del Ser”, en la que todo lo demás se revela como efímero.

El vairagya generalmente se define como renuncia, abandono, dimisión o control de uno mismo. Generalmente se interpreta como el abandono de ciertas cosas materiales o del propio mundo. Pero en realidad, el vairagya no consiste en un abandono de las cosas. Supone un abandono de los falsos valores, filtros mentales y dogmas que crean una interpretación incorrecta de las cosas y generan una relación errónea con el mundo y todo lo que nos rodea. Las proyecciones mentales y las falsas percepciones constituyen la razón de nuestros apegos y antipatías, nuestros gustos y aversiones.

Por lo tanto, el principal desafío del vairagya radica en la dificultad de discernir los valores verdaderos de los valores falsos en la vida.

En la transformación que brinda el Yoga (cuyos componentes esenciales son el abhyasa y el vairagya), ocurre un desarrollo gradual de una comprensión de la naturaleza de la realidad. Esto no supone suprimir de manera violenta los valores que percibimos o aplastar el deseo de las cosas que percibimos que brindan una satisfacción real a nuestra personalidad. Cuando nos elevamos a un grado más alto de realidad, no rechazamos el grado más bajo de realidad. Más bien, lo trascendemos y lo integramos a una perspectiva más amplia.

El vairagya puede describirse con mayor precisión como «el espíritu de renuncia». La práctica espiritual se vuelve infructuosa y no produce las transformaciones esperadas debido a la ausencia de este espíritu esencial y necesario. La generosidad, la compasión y el amor que no está limitado y constreñido por deseos egoístas surgen del vairagya.