Sin decir nada: la oración y el Corazón Espiritual

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Por Tasha Friedman

 

“No Le digo nada, Lo amo”.

Santa Teresa de Lisieux

 

La oración es el Corazón hablándose a sí mismo. Es lo que el corazón humano hace de manera natural cuando está abierto. Como la música, siempre está presente en las cuerdas de un violín, se toquen o no, la oración siempre está presente en tu corazón. Como la música, la oración ya está presente en el vuelo de un pájaro, en las hojas de un árbol, en el constante movimiento del viento y en la silenciosa contemplación de una piedra.

No puedes aprender a orar más de lo que puedes aprender a vivir. ¿Qué tipo de pez no sabe nadar? Puedes aprender palabras y movimientos, pero estos son para la oración lo que un buen par de zapatillas es para una bailarina o un bailarín.

En tu infancia, quizás tus padres te llevaban a una iglesia, sinagoga, templo o mezquita, y las personas ahí intentaban enseñarte a rezar. Ponte de pie, siéntate, ponte de pie, ponte de puntillas; Kadosh, Kadosh, Kadosh, se supone que debes decir, Santo, Santo, Santo, y no sabes lo que significa.

Tenías que repetir las palabras una y otra vez, incluso hasta durmiendo. Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Baruch atah Adonai, Elohenu Melech ha’olam.

¿Es eso una oración? ¿Es fuego en tu corazón o simplemente aire pasando a través de tu boca?

Más adelante en la vida, tal vez, estas palabras han tenido un eco diferente en ti porque, más allá de cualquier palabra, sabes lo que están tratando de decir. Todas ellas dicen lo mismo: Amado, oh Amado. Un grito de anhelo sin palabras.

Recientemente vi un video del gran violonchelista Yo-Yo Ma respondiendo preguntas sobre el violonchelo. Alguien preguntó: “¿Cómo interpretan los músicos la sexta suite para violonchelo de Bach sin gritar de alegría?” Yo-Yo Ma respondió sin pausa: “Porque el violonchelista está gritando de alegría a través del violonchelo”. Luego hizo una demostración, y tenía toda la razón.

El corazón humano es un instrumento musical en manos de Dios, un instrumento a través del cual el Universo puede invocar su propia alegría indescriptible, así como su dolor, anhelo, ira, es decir, todos los movimientos que experimentamos como emociones cuando los tomamos de una forma personal limitada. El violonchelo expresa el gozo de Dios mejor que cualquiera de nosotros con palabras, porque el instrumento en sí es completamente silente.

Entonces, puedes orar con palabras, en voz alta o en tu mente, o sin palabras, pero de cualquier manera, cuando la oración es real, estás en silencio.

La oración y la meditación son esencialmente lo mismo. La meditación puede sonar mejor para nosotros como occidentales modernos porque no suena tan religiosa, y de alguna manera parece darle más crédito a quien la está haciendo. Alguien que medita realmente debe estar progresando, convirtiéndose en una persona más consciente. ¿Acaso no significa la oración que te has entregado?

Sí, si la oración es real: has renunciado a tu ego, a hacer que las cosas sucedan a tu manera. La oración formal o la meditación te llevan a un punto en el que no hay nada más que hacer que dejarse caer, ser destrozado en mil pedazos, y si rezas por algo, será destrozado aún más. Esta absoluta impotencia ante la Verdad se convierte en una oración en sí misma.

Muchos maestros hablan de la oración, pero en realidad nunca hablan de ella porque está viva.

Cuando amas a alguien, realmente amas desde lo más profundo de tu ser, no puedes decir por qué y ni siquiera puedes decir cuánto amas. Sin embargo, no puedes evitar intentarlo con tantas palabras diferentes y pequeños gestos como tengas a tu alcance.

En la oración, intentas una y otra vez decirle al Amado cuánto Lo amas, con tantas palabras diferentes y pequeños gestos del alma como puedas, hasta que finalmente, dejas de intentarlo y sólo Lo amas.

 

Tasha es profesora de Hridaya que ofrece su servicio en nuestro centro en México.

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