Oda a la soledad

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“Soy el gato que camina solo y todos los lugares son iguales para mí”.
–Rudyard Kipling, El gato que caminaba solo

La reciente culminación del Retiro Pratyabhijña de 49 días nos recuerda el misterio de la soledad.

En el nirvana, la soledad es colectividad.
Hay muchas personas, pero solo una Soledad.

Primero, te encuentras solo. Después, te encuentras a Ti Mismo…

En la soledad, las aguas turbias del pensamiento se aclaran, revelando el pozo sin fondo de la Presencia.
Existe una soledad real, auténtica: el anhelo desnudo y la libertad de un alma humilde y triunfante.
Uno no es más que un sirviente gozoso y silencioso en la más grande comunidad de la vida, sostenido eternamente en los brazos de la intimidad cósmica.
La soledad puede ser lucha o ascetismo, el sabor del pan seco. Pero en la soledad, el único placer del alma es la entrega, el vacío y la muerte.

Ampliamos el plano. Los abarrotados átomos de la existencia cotidiana constituyen la soledad de las estrellas, la soledad del espacio.
La soledad es un tiempo sin tiempo, es ser sin ser. La verdadera soledad es el sutil beso de la Gracia.
Es la efervescencia de las emociones y su reconocimiento en el Infinito sin ondas.
La soledad es Hamsa, el majestuoso Cisne de la Conciencia, deslizándose sobre su propio reflejo.

En la soledad escuchas el eco oculto, resonando cada vez de modo más claro:
“El Corazón es el Amado que nunca nos traiciona.
¿Por cuánto tiempo seguirás traicionando tú a semejante Amante?”

Por Sahajananda, el fundador de Hridaya Yoga.

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