El verdadero sentido de pertenecer

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El verdadero sentido de pertenecer

P: Cuál es el significado de pertenecer, en especial cuando se confronta con la relatividad de las cosas que se vuelve obvia en tiempos de guerra, desastres naturales y crisis?

R: Pertenecer es cumplir una importante aspiración de nuestra alma: enraizarse, anclarse en algo estable. Dado que la vida a menudo se revela frágil e incierta, es natural anhelar una base inquebrantable que no pueda ser sacudida nunca. Esa estabilidad nutre nuestros corazones…

Sin embargo, con el tiempo, se vuelve evidente que esa solidez no se encuentra únicamente en el mundo material, ni siquiera en el reino interno de las emociones, creencias e ideas. Entender esto es sabiduría.

Podemos distinguir la pertenencia personal, de la cósmica y de la espiritual.

La pertenencia como apego

“Vivir en compensación” trastoca el sentido de pertenecer a través del apego a cosas, personas, hábitos, sistemas o dogmas. Al simplemente ignorar, reprimir u olvidar nuestra verdadera libertad, nos quedaremos ansiando únicamente pertenencias personales. Esto puede ser reconfortante por un tiempo, pero no es la base real que anhelamos. Se trata de una traición a Uno Mismo, al Ser, el asiento de la pertenencia espiritual.

Existe una pertenencia personal opresiva que se siente impuesta sobre nosotros por hábitos, dogmas y muchas de esas tendencias restrictivas del ego. Pero pertenecer es mucho más que una identificación apretada. Al domar y domesticar nuestros anhelos, dejamos de recordar el esplendor del Universo y la magnificencia de nuestro mundo interior. Del mismo modo que en el corazón abierto, la verdadera pertenencia espiritual siempre es expansiva ya que, en esencia, se trata de una expansión de la conciencia. Pertenecer consiste en acoger y abrazar la diversidad. La revelación del sentimiento puro “yo Soy” sólo puede surgir desde una perspectiva unificadora.

La simetría de la pertenencia

Existe una simetría misteriosa entre los diferentes niveles de existencia. Sólo tenemos que ser conscientes de ello.

Por ejemplo, cuando la pérdida y el sufrimiento parecen destrozar nuestro sentido de pertenencia (como sucede de múltiples formas hoy en día), podemos acercarnos al corazón de la intimidad, al Sagrado Corazón, en una reflexión secreta.

También existe una simetría al construir una práctica espiritual y desarrollar un sentido de unión, de profunda pertenencia a una sangha. La autenticidad, el amor y la profundidad de la práctica resuenan claramente cuando se forma parte de una comunidad espiritual, y viceversa.

Pertenecer al Cosmos

El spanda, la tranquila pulsación de la vida que tiernamente vibra en nuestros corazones, evoca un sentido de pertenencia al mundo natural. Escuchar su llamado unificador refresca nuestras almas.

Por consiguiente, la Tierra en la que vivimos se vuelve un lugar significativo. Junto con la tierra, las aves y el cielo se convierten en una comunidad a la que pertenecemos… Cuando ofrecemos nuestro corazón a la tierra, al viento y al cielo, cuando pertenecemos a todo por igual, esta ecuanimidad del Amor Incondicional nos abraza en un refugio cósmico de pertenencia profunda.

Trata de pertenecer al océano, al cielo, a la oscuridad de la noche y a la abundancia de la luz. Esta es una afiliación cósmica.

Cuando tomamos conciencia de que cada una de nuestras partículas también pertenece a todo el Universo, esto es Amor. En esencia, la pertenencia se vuelve un intrépido reconocimiento y abrazo del Amor Universal. El significado de la palabra “pertenecer” en su esencia es “ser de algo o de alguien”. Pertenecemos a aquello que anhelamos. Cuando nuestros anhelos se convierten en anhelos universales, ese anhelo ya no nos mantiene aislados de nada.

Puede llegar a haber aridez y aislamiento en lo que algunos consideran neutralidad. La ecuanimidad real no consiste en una negación sino en una unificación en valores superiores. Es notable la confesión de Einstein sobre la comunidad sutil a la que se sentía afiliado: “Aunque soy un típico solitario en mi vida cotidiana, la conciencia de pertenecer a la comunidad invisible de aquellas personas que luchan por la verdad, la belleza y la justicia me ha impedido tener sentimientos de aislamiento”.

Pertenecer a la Nada Sagrada

En última instancia, aprendemos a descansar no en las cosas sino en la sagrada nada del Corazón Espiritual. La pertenencia, la ternura, el amor y la intimidad están esencialmente enraizados en lo Inefable, en lo que los místicos denominan “el Amado”. Pertenecemos al “Único Sabor”, la Presencia Eterna.

La belleza es que al pertenecer al cielo infinito de la Conciencia, nuestras emociones, pensamientos y expresiones personales llevan este toque de Unidad, de lo Eterno.

La pertenencia espiritual es Ser. Es la plenitud de la belleza, el amor, la verdad y la libertad

Con amor,

Sahajananda

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