El llamado de la Conciencia de Uno Mismo

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El llamado de la Conciencia de Uno Mismo

En Hridaya, nuestro anhelo es llegar a conocernos a nosotros mismos preguntándonos “¿quién Soy yo?”

Pero la Indagación de Uno Mismo implica mucho más que una simple pregunta o práctica; se trata de un arte de vivir y de ser. No está reservado para un momento específico. Le atañe la vida y cada momento como un todo.

Todo proceso auténtico que conduzca al conocimiento de Uno Mismo exige asumir la responsabilidad de nosotros mismos, de nuestra vida; en la soledad contemplativa, conduce a la dolorosa muerte del ego y, por tanto, a la libertad, a la verdadera vitalidad.

El conocimiento de Uno Mismo no constituye un tema más de psicología o filosofía, se trata de la más fragante flor del reino de la espontaneidad.

En la práctica, la Indagación de Uno Mismo tiene múltiples dimensiones y matices como la conciencia, la lucidez, el llamado/intuición, el anhelo, el amor por el Amado, el embeleso, la fuerza y la armonía, el asombro, la entrega del ego y el sabor de la Verdad.

La Conciencia del Corazón

La conciencia de Uno Mismo es como una oración silenciosa que ofrecemos a la Verdad interior para que se nos revele.

Supone una atención constante, amorosa, un poder que proviene de la capacidad de embeleso ante aquello que contemplamos.

También está cargada de lucidez, no está abrumada por cuanto “ve”.

Empezamos en la dualidad… la percatación del pecho, el Centro del Corazón… hasta que, de algún modo, el objeto se absorbe en una realidad superior. Debajo del vaivén perpetuo de pensamientos y contrastes, nuestra atención se vuelve coherente y captura el sabor de la unidad profunda. Se vuelve consciente de sí misma. En esta intimidad se satisface plenamente la observación, acogiendo todo nuestro ser. El Corazón irradia sencillez y majestuosidad al mismo tiempo.

El embeleso 

La lúcida conciencia de Uno Mismo supone una apertura viva e incondicional, parecida a un embeleso, una admiración sin objeto en la que nos atrapa lo Esencial.

La Indagación de Uno Mismo es un asombro espontáneo ante lo sagrado de nosotros mismos.

El llamado/intuición

El llamado surge desde dentro: el Amado nos convoca. El alma recibe de pronto dones divinos que la seducirán. Debido a que la Realidad Suprema no es evidente desde el exterior, este llamado es necesario. Tal atracción es en sí misma una intuición de la Verdad. Pero sin atención lúcida, puede pasar desapercibida.

El anhelo

El llamado madura en anhelo. Tenemos sed de esa inmensidad que nos colma… Somos el Infinito que no recuerda cómo contenerse. Y anhelamos estar en casa, allí, siempre.

El amor

El viaje hacia el conocimiento de Uno Mismo puede profundizarse solo en la medida en que el amor viva dinámicamente dentro de nosotros.

Siendo a la vez el Amante y el Amado, nos volvemos Amor.

La fuerza y ​​la armonía

Es la armonía o la disonancia dentro de nosotros mismos lo que crea los momentos fuertes y débiles de nuestras vidas.

La fuerza real viene a través de una consonancia interna de nuestra alma. En esa condición pacífica y sátvica, somos transparentes a la luz. La conciencia de Uno Mismo se vuelve aún más clara y lúcida en ese poder y coherencia.

Atento, lúcido, anhelante, embelesado y enamorado del Corazón, uno se pregunta: “¿quién Soy yo?”

La entrega

El conocimiento de Uno Mismo se revela en la desnudez. Para que podamos intimar con nosotros mismos y, por lo tanto, con el mundo, debe cesar toda interferencia psicológica. El alma está abierta, lista para desprenderse de cualquier pensamiento proclive al egoísmo y todas sus manifestaciones.

Cuando el ego se ausenta, el amor y el embeleso constituyen el trasfondo de todas las percepciones, el origen de toda intención o acto.

La gnosis

Sólo cuando nos liberamos de la idea de ser alguien, el conocimiento de Uno Mismo puede prosperar. Cuando abandonamos el tiempo, el tiempo nos abandona. Surge un sentimiento de apertura. Es una especie de soledad en la totalidad, un sabor de lo permanente en el instante, en cualquier fisura del tiempo, el sentido de un orden perenne.

Estamos en Casa…

Con amor,

Sahajananda

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