¿Qué podemos aprender de estar en un mundo cambiante?

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P: ¿Qué podemos aprender de estar en un mundo cambiante?
R: Sí, el mundo está cambiando, pero nuestro poder yace en permanecer quietos…

Los tiempos que hoy en día estamos atestiguando parecen más confusos e inciertos que nunca. Se siente como si amenazaran con absorbernos en una vida llena de sufrimiento, miedo e ira.

¿Cómo podemos ser compasivos, amables y calmos cuando vemos tanto sufrimiento alrededor de nosotros? ¿Cómo podemos vivir de forma que genere e inspire armonía incluso ahora? ¿Y dónde?

Primero que nada, en nuestras almas.

Dejar de ser esclavos de las duras corrientes de miedo, odio, depresión y soledad parece difícil…pero, ¿quién eres?, ¿dónde vives?, ¿cuál es el aspecto de la vida al cual le das la mayor atención, amplitud y fe? Sabiendo las dificultades que la humanidad está enfrentando, es aún más imperioso para nosotros incrementar la armonía y la paz interior.

Aquello que percibimos de un evento, es solo una pequeña parte de lo que realmente es. El sútil entretejido de energías, de influencias invisibles, es mucho más amplio y complejo de lo que podemos ver o entender sin antes haber sido tocados por la bendición de la sabiduría. Pero el hecho de que los ignoremos porque parecen poco claros o vagos, no significa que no tenga claras consecuencias, cadenas kármicas…

La llamada de la sabiduría ancestral

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Lo que sucede ahora parece completamente nuevo, sin embargo perspectivas más amplias se abrirán si miramos al ejemplo de los antiguos sabios y las respuestas que dieron en momentos de la humanidad similares.

Así como Ramana Maharshi, los grandes maestros taoístas consideraron la transformación interior el núcleo de cualquier posible regeneración.

Llegando a la Verdad inmutable…el sabio permite que las cosas evolucionen de acuerdo a su destino, mientras él permanece en el centro inmóvil de todos los destinos…Su absoluto desapego lo hace el maestro de todas las cosas, puesto que no puede ser afectado por nada”. -René Guénon

Tales personas eran los principales consejeros de los reyes, dando consejos de cómo reinar basados en el Tao, en concordancia a las circunstancias y en maneras muy específicas, para que los dones y el temperamento de los gobernantes, potenciados e iluminados por el Tao, condujeran al pueblo a la mayor armonía posible…

Una evolución natural hacia la Libertad y la Conciencia de Uno Mismo

La doctrina taoísta de la no-acción, “wu wei”, expresa lo que debería ser el comportamiento ideal de un sabio en el mundo. “Wu wei” no es pasividad o inercia. No significa “hacer nada”, sino asumir aquella conducta que ni por la acción misma, ni por sus resultados, ni por ningún efecto secundario, va a perturbar la evolución natural hacia la libertad y la Conciencia de Uno Mismo. Esta auténtica actividad surge directamente del Corazón y nos afina con el centro inmóvil de la Existencia más allá de todas las apariencias.

En una hermosa historia, el Chuang Tzu ilustra el poder de la acción llena de gracia que no se tropieza en confusión, ya que surge naturalmente del Corazón: El viento fue cuestionado acerca de su gran poder, el cual es paradójico puesto que no tiene forma alguna, no tiene cuerpo. El viento respondió: “Eso es cierto. Me levanto desde el mar del Norte, arrastrándome hacia el mar del Sur. Entonces, todo aquel que me perfora con su dedo me supera, y todo aquel que deja su huella en mí, me conquista. Aún así, solo yo puedo romper árboles y cargar pesados techos en vuelo.

Por lo tanto la Gran Victoria consiste en no ganar a través de las cosas pequeñas. Solo los Hombre Sabios pueden lograr la Gran Victoria”. (Chuang Tzu, Capítulo XVII, “Aguas de otoño”)

Represión y falta de balance

La mayoría de las estrategias sociales actuales para lidiar con los desafíos de la humanidad carecen del balance que solo el Corazón puede traer. Tales aproximaciones a menudo se convierten en poco más que represiones obvias o veladas.

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Pero los taoístas nos dicen: “Cuando un extremo es alcanzado, hay una reversión”. (El secreto de la flor de oro, I.6), misma visión que Jung repitió en “el retorno de los reprimidos”.

Cuando a propósito y de manera forzada tratamos de deshacernos de algo, sencillamente lo terminamos reforzando. Es la misma ley que nos dice que no podemos luchar contra nuestros pensamientos. Por ejemplo, sentimos la complejidad de las energías y emociones que suceden en nuestra alma, y sin embargo pretendemos que no está sucediendo nada. La humanidad, ahora más que nunca, es como un organismo psicótico en el cual aquello que reprimimos va a resurgir para confrontarnos de nuevo. “El yin extremo nos llevará al yang extremo”. Cuando preferimos reprimir y olvidar cosas, sin siquiera darnos cuenta, simplemente hacemos más profundo un sentimiento de incertidumbre y alienación.

El precario balance del mundo contemporáneo nos invita a no continuar moviéndonos hacia los extremos, sino a honrar al Corazón. Este Centro no es pasivo, ya que aquí, un ritmo secreto de confianza y armonía prevalece.

Confía en la ecuanimidad

Confía en la ecuanimidad. No significa indiferencia o aridez. Su belleza despliega Amor, pasión, gracia, determinación y libertad.

Momento a momento, desde la ecuanimidad del Corazón, evalúa las situaciones que surgen en el mundo. No es necesario mantener anticipaciones pesimistas pensando que cosas aún peores sucederán o pensando que este es el apocalipsis. El miedo, la desesperación, la amargura, la desesperanza, el resentimiento, la derrota, etc., pueden tener un poder extremadamente penetrante e insidioso sobre nuestras mentes y el universo. Hay formas de sabotearnos a nosotros mismos. Sí, a veces podemos observar una tendencia que se mueve en una dirección negativa, pero aún eso es visto desde la misma amplitud de la Presencia pura. Y luego, desde ese espacio puro del Corazón – no solo desde una personalidad constantemente movida por los deseos secretos, la intranquilidad, la confusión o los miedos – podemos decidir actuar (involucrarnos, si es parte de nuestro dharma, nuestro llamado interior)… o no.

A la vez, no vemos al mundo como separado de nosotros, sin importar qué dificultades o extrañas direcciones las tendencias sociales manifiesten. Nunca es cuestión de “tú en contra de ellos”, puesto que no eres únicamente humano, sino la conciencia que pacíficamente abraza a todas estas dificultades.

La obediencia ciega a la autoridad o la lucha reactiva son simplemente extremos del espectro del miedo. Más que la reacción misma, lo que debería de ser cuestionado es la raíz más profunda de estas respuestas.

El Corazón es un manantial de libertad fresca y no revelada, y son solo nuestros miedos aquello que la compromete y la mantiene bloqueada.

Nuestra alma no puede ser mantenida detrás de barras. No puede haber una fuerza policial psicológica a menos que creamos que existe y aceptemos su autoridad. Traicionar nuestra libertad interior es como permitir que otros nos metan a la cárcel. Así, nos volvemos prisioneros de miedos y ansiedades que nos llevan a una sumisión ignorante o a la  rebelión.

Sin negociación

Habrá ocasiones en las cuales pensaremos que comprometer nuestra aspiración ligeramente simplificará nuestra vida. Tendemos a aceptar lo que los otros nos dicen persistentemente, aún cuando entra en conflicto con nuestra intuición o nuestro sentido espiritual común. No hagas tales compromisos. A menudo nos abren a una cadena de otras concesiones, terminando en obediencia a fuerzas desconocidas. El problema con comprometer nuestra aspiración es que no puede ser hecho en completa Conciencia de Uno Mismo. Trae consigo una necesidad secreta de reprimir la lucha interior, y por consiguiente la capacidad de estar realmente presente es disminuida. La persistencia en hacer cosas que no están en resonancia con nuestra alma es la mismísima definición y expresión de alienación. ¿Cómo puede entonces nuestra alma transmitir y realizar su pasión, belleza y anhelo? ¿Por qué envenenarla con las aguas grises de la confusión y el olvido?

A menudo, en tiempos extraños, puede parecer que no tenemos otra opción más que actuar en desesperanza o comprometer nuestra aspiración, aún cuando en realidad sí tenemos otra opción. Nos convertimos en prisioneros puesto que damos nuestro consentimiento a usar cadenas que jamás fueron forzadas sobre nosotros, simplemente gentilmente ofrecidas.

El llamado secreto de la libertad

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El hombre nació libre, sin embargo en todos lados está en cadenas”. -Rousseau

La Divinidad no actúa a través de estas manipulaciones. Su llamado es discreto y lleno de gracia, y no nos forzará hacia la Conciencia de Uno Mismo, lo cual puede ser un problema en nuestra cultura de “comida rápida” en la cual solo los mensajes llamativos importan. Entonces, la única manera de recuperar nuestra libertad es empezando a buscar al Corazón de manera repetida dentro de nosotros, parar y preguntarnos quienes somos en verdad, más allá de todas las máscaras prefabricadas del miedo y la ira.

Abraza la incertidumbre como abrazarías a la muerte

Podemos comparar la incertidumbre con la cual vivimos hoy en día con aquella que trae la muerte. Tememos a la muerte porque no sabemos cómo es, qué significa y cuándo y cómo llegará finalmente. Aún, a pesar de lo desconocido, tenemos la libertad de elegir cómo acercarnos a ella y reconocer los potenciales que la acompañan. El confrontarnos a riesgos que nos inducen miedo puede ayudarnos a florecer. Nos llaman a redescubrir y confiar en aquello que es eterno en nosotros.

Cuando podemos aprender a no temer a la muerte, no queda nada más que temer. Cuando honramos y recordamos a la muerte, el futuro no puede ser simplemente un siniestro final, sino la invitación a un camino de fe y Conciencia de Uno Mismo.

La balanza llegará a descansar en Amor

Por lo tanto, la manera más sabia de afrontar la presión externa y la confusión, es encontrar la quietud interior y la estabilidad del Corazón. El Corazón, nuestro verdadero Hogar, es lo único que puede darnos la sabiduría para hacer de este mundo el hogar que estamos anhelando.

Aún en tiempos de convulsión, tumulto, confusión y conflicto, a través de la Conciencia de Uno Mismo, en nuestra alma crece la fe en que la balanza del karma del planeta eventualmente volverá a descansar en el Amor, la Verdad y la Compasión.

 

 

 

Por Sahajananda, el fundador de Hridaya Yoga.

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