Hridaya-Yoga-Spiritual-Heart-Yoga-Atención Plena

a) El significado de la Atención Plena

La Atención Plena es una expresión natural de la Conciencia, que no está ocupada en conseguir una u otra cosa. Se trata de una atención impersonal, libre de desapegos, juicios, etiquetas. Constituye la atención de la Conciencia Testigo. Por lo tanto, no se pierde a si misma en el conocimiento del objeto, sino que mantiene la conciencia del Corazón Espiritual, de la propia fuente de atención.

b) Cómo cultivar la Atención Plena

Permanecemos en el momento presente y nos enfocamos en percibir cualquier sensación o impresión que surge en el cuerpo o en el entorno y, al mismo tiempo, mantenemos el estado de Conciencia Testigo.

En otras palabras, permanecemos en un estado de observación lleno de amor, libre de la necesidad de analizar, etiquetar o conceptualizar. (Es la percepción de la unidad en la que todo puede verse y sentirse y no está separado ni individualizado. Es una percepción unificada en la que todo lo que se ve, se escucha, se toca, etc. permanece en la unidad, no separado. Se trata de la contemplación de la unidad, una «visión» panorámica que abraza e incluye la totalidad de la Realidad).

c) La Atención Plena aumenta la agudeza de nuestras percepciones

La precisión y la calidad de las percepciones cambia en virtud del simple hecho de que nuestra atención se dirige hacia ellas sin esfuerzo (sin tensiones ni expectativas). En este estado, no hay preconcepciones ni deseo alguno de forzar la energía o de dirigirla a algún lugar -permitimos que siga su propio curso libre-. La Atención Plena, libre de las tensiones basadas en el ego causadas por la persecución de diversos objetivos, acalla de forma espontánea los pensamientos atropellados.

Nuestra percepción se torna perfectamente clara porque no hay más pensamientos que etiqueten aquello que se percibe. Ahora nos relacionamos con cualquier experiencia de una forma íntima, sin prejuicios ni expectativas.

Debido a la intimidad de la experiencia en sí misma, comenzamos a movernos más fácilmente del nivel del análisis mental al nivel de la existencia pura y libre. Y, en ese momento, la sensación se disuelve en la fuente de vida que ya somos, en la vida que nos anima.

d) Las sensaciones regresan a la Fuente

Cuando dejamos de etiquetar y buscar el significado de las sensaciones, dejamos de establecer límites en ellas y, por tanto, tienden a regresar a la fuente de vibración, Spanda, que constituye el origen y el punto de destino de cualquier sensación.

La aspiración espiritual, nuestra apertura al Sagrado Temblor, puede aparecer en cualquier momento de conciencia durante nuestra vida. Esta actitud se puede desarrollar más fácilmente con la meditación Hridaya.

El cuerpo se convierte en la puerta de entrada a una realidad más profunda que se revela más allá de las apariciones impermanentes de las diversas sensaciones y conceptos.

e) Las limitaciones del «trabajo energético»

La experiencia de abrirse completamente conlleva una nueva actitud: percibimos o tenemos acceso a energías, sensaciones y estados que ya no necesitan un cambio, transformación o energetización. Independientemente de lo beneficiosos que pudieran ser los cambios que podemos imaginar continúan estando basados en el ego, ya que los cambios sólo tienen lugar en el nivel de la conciencia individual.

f) La intimidad de «Lo que es»

Comprendemos el papel que desempeñan la Conciencia Testigo y la Atención Plena. La esfera de la Atención Plena no sólo incluye la percepción de las energías y sensaciones, sino también la forma en que reaccionamos a ellas: «¿Qué pensamos acerca de la experiencia de la energía?». Tanto si nos gusta como si no, si pensamos que deberíamos amplificarla o no, transmutarla o no, etc. la realidad es que todas estas preguntas no son sino proyecciones y etiquetas de la conciencia individual. Sólo nos llevan a un estado carente de intimidad en lo referente a esa determinada energía o sensación.

El deseo de controlar dicha energía o sensacion implica la separación con respecto a ella y, de forma implícita, una separación de la propia energía vital, la fuente de la fuerza de la vida que anima nuestro ser.

La práctica espiritual, ya consista en la ejecución de asanas o en la meditación, siempre expresa intimidad con «Lo que es», con el «Momento Presente», con el silencio del Corazón Espiritual.

Se trata de un estado de intimidad con la profunda quietud del Corazón Espiritual. En este estado, dejamos de comparar «lo que hay» con «aquello que debería haber»; asimismo, dejamos de hacerlo bien o mejor. Esto es la Atención Plena.

g) La actitud de Atención Plena mejora y refina los beneficios de Hatha Yoga

Al vivir en el estado de Atención Plena hacia el cuerpo durante la práctica de asanas, podemos ajustar nuestra práctica y actitud en base a las necesidades del cuerpo: relajación o actividad, un cierto tipo de flexión, una cierta energía.

Le permitimos a nuestra sabiduría corporal interna que nos guíe. Por lo tanto, a través de la conciencia, desarrollamos un conocimiento directo: jnana o gnosis.

h) La «sensibilidad» del Corazón Espiritual

En Hatha Yoga este tipo de sensibilidad o, en otras palabras, el modo en que de forma consciente nos abrimos a las energías y fenómenos internos, nos conduce al Corazón Espiritual. Evidentemente, ésta no es una sensibilidad en el sentido más común de la palabra. La sensibilidad ordinaria sólo concierne a un objeto particular o abanico de percepciones, tales como la sensibilidad a los sonidos, a los colores, etc. Este tipo de sensibilidad también está abierta al Corazón Espiritual, al Sagrado Temblor, Spanda. Hay una actitud de apertura al amor, a los ritmos fundamentales del cosmos, a la vibración de la Gracia Divina o de la Bienaventuranza Pura.

Así es como aprendemos a abrirnos, a honrar y amar la diversidad de la creación en su conjunto al tiempo que mantenemos la conciencia en el Corazón.